¿Leer en pantalla o imprimir?

por Juan Carlos García, 9 de Agosto de 2004

Se supone que se leen peor los textos en un monitor que impresos. Al menos eso afirma Nielsen, que se lee un 25% más lento en una pantalla y, además, resulta menos placentero para el lector. Son muchos los estudios que avalan esta afirmación, sin embargo un estudio con usuarios realizado por Armentia et al (2000) viene a señalar justo lo contrario:

Sorprendentemente, quienes leyeron sobre una pantalla fueron, por término medio, un 8,3% más rápidos que quienes lo hicieron sobre papel. [...]

La sorpresa no terminó ahí. Los lectores en pantalla no sólo eran, en términos globales, más rápidos que los de papel; sino que además mostraban un mejor nivel de comprensión sobre el texto leído.

Tal vez la explicación a los resultados de este experimento sea que, simplemente, la cuestión es así como la muestra Armentia et al, o bien que se hizo mediante una muestra muy sesgada, como es el caso de un grupo de alumnos de primero de periodismo, pertenecientes a una generación que ya pasa más horas delante de una pantalla que de un texto impreso. Otra posible explicación podría ser que la muestra es demasiado pequeña, con lo que el experimento no es representativo y son Nielsen y el resto de autores quienes tienen razón.

También hay que tener en cuenta que no todos los textos en línea se leen igual de bien. Son muchos los factores que mejoran la legibilidad de los textos en línea como el estilo de escritura y disposición de los textos, o el tipo de fuente empleado, anchura de líneas, separación de caracteres, alineación, etc.

Aunque no trataremos en profundidad en ese tema en este post (el tema da para mucho más) sí me gustaría destacar un estudio, de Chaparro et. al, que mide la facilidad de lectura de textos en línea en base a dos parámetros: la separación entre líneas y el margen del texto. En él se llega a la conclusión de que los participantes leen ligeramente más lento un texto con márgenes pero así lo comprenden bastante mejor. Si además de poseer margen (10 mm para este estudio), el texto tiene cierta separación entre líneas (5 mm), los resultados de legibilidad y satisfacción mejoraban aún más.

La dificultad de lectura es una de las razones por las que aún se les sigue dando mucho trabajo a las impresoras para fijar en papel textos que se pueden econtrar en línea.

En un estudio reciente, de A. Dawn Shaikh, se preguntaba a un amplio grupo de usuarios sus preferencias respecto a leer en pantalla y o imprimir los documentos. Las conclusiones del estudio mostraban que los usuarios:

  • Prefieren imprimir los textos largos y leer en pantalla los cortos
  • Tienen tendencia a hojear en línea y, a continuación, imprimir los documentos científicos que le interesan, así como a leer en línea los relacionados con el ocio o entretenimiento
  • Imprimían el documento cuando les resultaba difícil navegar en él
  • Los textos más complejos tenían más probabilidad de terminar pasando por la impresora.
  • Consideraban positivo poder imprimir documentos para poder transportarlos fácilmente.
  • En líneas generales, prefieren los documentos online
  • Tienen tendencia, en el campo de la información científica, a localizar documentos mediante la red para terminar imprimiéndolos.

Otra cuestión que dejaba en el aire este trabajo era la detección de lo que para los usuarios era un problema, que incitaba a imprimir el texto: no poder manipular el documento (subrayar y comentar el texto), y que les resultaba incómodo guardar digitalmente los documentos para referenciarlos en el futuro.

Así, de cara al futuro, no sería mala idea que los standards evolucionaran hacia un mayor control del usuario sobre ciertos aspectos. La idea sería, ni más ni menos, que avanzar hacia el concepto de hipertexto que se barruntaba en el Memex de Vannevar Bush o, ya hablando explícitamente de hipertexto, en el Xanadú de Nelson. En ambos casos el papel del usuario se imaginaba más activo de lo que finalmente ha resultado ser en el caso del web, al que el propio Nelson califica de una “brillante simplificación” de lo que él imaginó, y denominó, hipertexto.

Posibles mejoras futuras de la interface web relacionadas con la impresión de textos:

  • Edición por parte del usuario: El hipertexto debe permitir que el propio usuario efectúe una pequeña edición en su copia de los documentos, de forma que pueda subrayar y hacer anotaciones.
  • Registro de referencias: También se debería mejorar la forma de almacenar las referencias de los documentos, especialmente los de tipo científico/académico. Actualmente, el Favoritos del navegador nos guarda en la carpeta que se le diga la url del documento y lo registra con el nombre que figura en el título (etiqueta TITLE). Debería ser posible recoger de forma automática en el Favoritos más datos del documento, los típicos de una referencia bibliográfica (autor, título, año, publicación [si la hay], etc). Tal vez un parche temporal para este problema lo podría aportar Scanalog, un software pensado para archivar y organizar artículos de magazine. Sólo habría que reconfigurar las categorías por defecto (pensadas para magazines no para revistas científicas). Una solución más estandarizada tal vez pase por el XML, con el que se puede delimitar perfectamente distintos tipos de información en documentos estructurados como lo son, en este caso, los artículos científicos.

Consejos:

Si vas a ofrecer en tu página documentos largos, y especialmente si éstos son de tipo académico o más o menos científico o técnico (artículos, tutoriales…) prevé algún tipo de solución de impresión. La mejor opción es que el texto se imprima bien ya desde su versión HTML normal. En su defecto, dos posibilidades:

  • Usar el formato PDF, especialmente pensado para textos online destinados a la impresión. Es muy recomendable si se trata de una versión online de un texto de revista o similar impreso al que queremos conservar el aspecto de la versión en papel y utilizar éste como mera copia online del texto impreso.
  • Hacer una versión HTML “para imprimir” en la que, en palabras de César Martín:
  • Si se dispone de la tecnología, es recomendable ofrecer una versión “para imprimir” de tal forma que el usuario pueda tener un documento limpio.
  • Se deben eliminar todos los elementos de navegación dejando el logotipo de la empresa, el banner (si existiera) y una barra de localización del documento de tal forma que alguien puede encontrar el documento dentro del site a partir de la copia impresa (algo así como: Nombre del site / sección / subsección / nombre del articulo).
  • Es recomendable dentro de la versión impresa o dejar el tamaño de la tabla sin definir o dejarlo por debajo de los 750 pixels de ancho.
  • Según el estilo del documento, una columna más estrecha puede hacer que la lectura sea más ágil pero se debe tender a no ofrecer más de 10-12 palabras por linea.
  • No se recomienda el uso de varias columnas. Esta bien usar varias columnas para ofrecer textos complementarios, pero no para maquetar un mismo texto.

Quedaría pendiente un estudio sobre cómo afecta la calidad y configuración de la pantalla que emplea el usuario a su calidad de lectura y, por tanto, a su fomento al gasto tinta y destrucción de bosques. Parece claro que una buena patalla TFT de 17” permite mejor lectura que un VGA de aquellos a 14” ¿no?.

Debo reconocer que yo también busco en línea, hojeo y, cuando encuentro un artículo o documento que me resulta realmente importante, sobre todo si es largo, lo imprimo para leerlo mejor en papel.

Luego, tal vez, después de tanta palabrería resulta que acabamos de inventar la rueda.

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Un comentario en “¿Leer en pantalla o imprimir?”

  1. patricia

    Su comentario
    Deseo encontrar el modo de imprimir el hipertexto “Lacan, el seminario”, recién instalado en mi nueva computadora, que funciona con la unidad de cd colocada, y que podía imprimir, clase por clase, en mi vieja computadora.
    gracias

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