Universidades menos accesibles

por Juan Carlos García, 9 de Septiembre de 2004

Leo en el ABC de hoy una noticia que se hace eco de un informe de la consultora Acctiva en el que habla de la Accesibilidad de los portales de las universidades españolas.

El informe se basa simplemente en pasarle el test automático TAW (Test de Accesibilidad a la Web) a la página principal de las universidades españolas. Así, los resultados son bastante predecibles desde dos puntos de vista:

  • La poca accesibilidad de los portales
  • La poca fiabilidad del informe

Si lo que se estudia es sólo aquello que puede validar una herramienta automática como TAW, y simplemente se considera menos accesible una página cuantas más ocurrencias de errores se produzcan, aparecerán muy abajo en el listado muchos sitios que repitan varias veces el mismo error, aunque este no sea determinante, y viceversa.

El ejemplo más sangrante lo tenemos en la Universidad de Sevilla, la que, según el informe, ofrece el mejor resultado de accesibilidad (junto a Pompeu Fabra y Santiago de Compostela), cuando en realidad es de lo peor que se puede llevar uno al JAWS o al Lynx, que son dos de las herramientas que utilizan habitualmente las personas que más necesitan que las páginas sean accesibles.

La Universidad de Sevilla es, casi en su totalidad, puro gráfico y scripts, del principio al fin, sin un mísero fragmento de texto simple, amén de menús desplegables y otros elementos dificultadores del acceso a la información. Sin embargo, sus diseñadores consiguen engañar a los programas automáticos insertando falsas etiquetas ALT, de forma que para TAW está todo correcto, cuando al deshabilitar scripts y gráficos sólo aparece una página casi vacía, como ocurre en buena parte del resto de portales analizados y que obtienen peor resultado.

Ya hablamos aquí de lo buena que es la ayuda de las herramientas de validación siempre y cuando se usen como ayuda, no como único medio (Validación automática. Una buena ayuda). Pero la medallitis en sí misma no significa nada.

Afortunadamente, el informe no debe caer totalmente en saco roto pues, de forma totalmente distinta a la Universidad de Sevilla, nos encontramos con el caso de la Universidad de Santiago de Compostela, verdadero ejemplo de seriedad profesional y preocupación por la información frente al espectáculo. Sería salvable la Pompeu Fabra si no fuera por esa obsesión por los menús desplegables que estropean toda posibilidad de fácil navegación.

Conozco de cerca como funciona, en algún caso, el proceso de construcción de este tipo de sitios. También me remito a otro tema tratado aquí para ilustrarlo: El que paga manda. La variante en este caso, respecto al ejemplo que poníamos del vinatero sobrevenido diseñador, es que el que paga es, en última instancia, Catedrático de Universidad, lo que le puede llegar a conferir un autoconvencimiento de sabiduría suprema, en virtud de la extrapolación de su condición de Catedrático en X a todos los ámbitos del saber, incluidos los del diseño, usabilidad, etc.

La cosa, además, se puede enredar en una maraña de cadenas de mando, en las que cada mando intermedio aporta su opinión o, lo que es peor, su exigencia sobre cómo y qué debe aparecer. Eso por no hablar de miembros del equipo de diseño o relacionados con éste (en los casos de personal interno) que, llevados por un ansia de protagonismo o simple peloteo, aceptan sin rechistar cualquier propuesta que venga de arriba. O peor aún, que impongan su criterio, basado en la simple estética, vendiéndolo como exigencia “desde arriba”.

En esos casos, si el equipo de diseño (o su responsable máximo) no tiene la suficiente autonomía o personalidad, al final, el producto resultante, lejos de tener una coherencia y línea de trabajo, es el producto de una composición de vectores de presión en distintas direcciones y, por tanto, totalmente infumable.

Me temo que en demasiados casos (con honrosas excepciones) lo que está pasando es que las universidades se han ido dando cuenta de que es muy importante su portal de Internet, con lo que han decido potenciarlo, y ahí es donde se han pegado el batacazo. El disponer de un buen presupuesto para abordar el proyecto, y que no siempre esté claro quién debe tener la última palabra al elegir un objetivo de diseño, hace que se apueste más por la imagen que por la información, cuestión totalmente desastrosa en el caso de un portal universitario, en el que la información lo es todo.

Así, en muchos casos, se ha pasado de una digna web informativa, casi minimalista, basada en texto y en la gestión de información relativament eficiente, y construida por un equipo pequeño pero independiente, a una web basada en la imagen y la estética, donde todo el que tiene algo de poder presiona para que “lo suyo” aparezca en un lugar destacado, en la que la infomación ha pasado a segundo plano. A veces la información no pasa a segundo plano en cuanto a cantidad, sino precisamente por lo contrario, por Infoxicación (como dice Cornellá) unida a la involución ultraneotecnológica (”esta web sólo se ve bien con…”).

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