Escribir para la red. Corrección y panhispanismo
por Juan Carlos García, 18 de Noviembre de 2004
A colación del III Congreso Internacional de la Lengua, y teniendo en cuenta que la tercera parte de los lectores de esta bitácora la siguen desde fuera de España, me asaltan algunas dudas y reflexiones sobre el estilo de redacción en la web, en este caso relacionadas con la cuestión panhispánica. Es decir, sobre si todos los que hablan español son capaces de entender igual de bien determinados textos escritos en español, o si aquellos que no lo usan como lengua propia comprenden todo lo dicho.
Me sorprendió comprobar que desde Brasil también seguían esta bitácora y que, al parecer, más o menos entendían los textos, cuestión especialmente curiosa respecto al artículo anterior. Lo digo porque el citado texto contenía gran cantidad de ironía y juegos de palabras, lo que, visto desde este punto de vista, me suscita dudas sobre si se entenderá, no sólo la idea, sino también la ironía o la broma, más o menos sutil, que se ofrecía a veces entre líneas.
Algunos ejemplos que tal vez podría costar entenderse desde el otro lado del charco (aquí ya me salió una expresión para la lista, aunque obvia en este caso):
- “salir de los mismísimos”
- “echar mano de”
- “el coste tiende a cero, sólo en función del precio del café de la cafetería más cercana”
- “traducción libre-playera” (esta ya es de nota, hace falta incluso conocer una campaña publicitaria concreta para entender).
- “nuestro ombligo es el más bello del mundo”
- “oir campanas y no saber dónde”
Ya en su libro de 2001, Nielsen afirmaba que era bueno dotar a los textos de cierto sentido del humor, pero sin pasarse, y también que no era bueno que sonaran excesivamente a lenguaje publicitario. No obstante, no tengo claro si el mencionado texto cubría bien esos objetivos.
Lo cierto es que cada día se nos cuelan por los rincones expresiones que maltratan el español, lo desvirtúan, y propician que tengamos problemas de comunicación entre aquellos que utilizamos esta lengua. Lo peor es que, en la mayoría de los casos, quienes perpetran tales actos de agresión al lenguaje son quienes más deberían hacer por defenderlo: políticos y periodistas.
Los periodistas por lo de siempre: un poco de prisa, otro de descuido y otro de incompetencia. Al final se hacen malas traducciones de teletipos en otros idiomas y el error se repite contínuamente y se perpetua (”implementar” por “implement” y una legión de falsos amigos).
Los políticos por su afán de usar palabras grandilocuentes, por engordar lo cotidiano, y por camuflar la verdad ante sus votantes: “flexibilidad laboral” por “bajada de salarios”, “mal comportamiento de los precios” por “subida de los precios”, “guerra preventiva” por “ataque” o “invasión”, “aviones que hacen varias salidas” por “aviones que hacen varios bombardeos”, etc.
Al final, todos terminamos cediendo e incorporando a nuestro hablar cotidiano expresiones incorrectas que, de forma artificial, no auspicaida por la propia sociedad con el discurrir de los lustros, se agarran como una sanguijuela a nuestra lengua.
En los propios artículos de esta bitácora se nos escapan, por prisa o negligencia, errores de puntuación, acentuación e incluso alguna que otra falta de ortografía, que no hacen más que ayudar a estropear un poco más el lenguaje que compartimos los hispanoparlantes y que, además, también intentan entender personas de otros países que no tienen el español como lengua propia.
A los interesados en estos temas les recomiendo algunos de los libros de Alex Grijelmo, actual presidente de la Agencia EFE:
- Defensa apasionada del español. Dedica bastantes páginas a denunciar los barbarismos que se cuelan por la puerta de atrás, los falsos amigos que terminan por meterse en nuestro vocabulario, el descuido de ciertos textos que deberían ser impecables (periódicos, textos oficiales y administrativos), etc.
- La seducción de las palabras. El lenguaje no es inocente. Las palabras son como racimos de cerezas, van juntas en nuestro ideario colectivo, tiras de una y salen otras. Los sinónimos ofrecen muchos matices, no existe la sinonimia perfecta en el subconsciente de la mente. La manipulación por el lenguaje (sobre todo de los políticos, publicistas y periodistas) está a la orden del día.
- El estilo del periodista. Imprescindible para todo aprendiz de periodista y para aquellos que escriban habitualmente sobre cuestiones de actualidad, entre ellos los que escribimos en la red. Nutrido con abundantes ejemplos periodísticos de buenas y malas prácticas.
También me parece interesante recomendar las dos partes de El dardo en la palabra, del difunto maestro Lázaro Carreter. Verdaderos agijonazos, llenos de sentido del humor, contra los que maltratan a diario la lengua.
No sé si lo conseguiremos, pero me gustaría ser más meticuloso con el lenguaje en el futuro, por deferencia a los lectores de fuera de España, a los de dentro, y a la propia lengua.
De entrada, sería una buena práctica empezar por algunas cuestiones básicas, en las que uno cae de vez en cuando:
- No dejarse invadir por el barbarismo: en este contexto en su mayor parte son anglicismos. Emplear “implantar” o “aplicar” cuando veamos un “implementar”, “reiniciar” en lugar de “resetear” o “reinicializar” (engorde artificial de palabras). Algunas expresiones costará, pues están ya haciéndose hueco: “artículo” por “post”, “bitácora” por “blog”, “en línea” por “online”, “indizar” por “indexar”.
- No emplear expresiones engordadas artificialmente: “reinicialización” por “reiniciar”, “compartimentalización” por “hacer compartimentos” o, simplemente, “dividir”.
- Huir de los juegos de palabras complejos y localismos: cosas como lo del “inglés playero” o aludir a referencias culturales de ámbito geográfico muy limitado.
- Cuidado con los eufemismos. Muchas veces, lo políticamente correcto no es más que una forma de esconder la verdad. “Crecimiento negativo” es “descenso”. También están los eufemismos negativos, los que pretenden culpar más que encubrir, como denominar “piratería” a la “copia de ficheros en la red”, aunque no sea legal (¿ven? he empleado”no sea legal” en lugar de “sea ilegal”, difuminando la fuerza de la expresión “ilegal”). “afroamericano” o “persona de color” es una sandez para eludir la expresión “negro”, que es el color de personas como el jugador de fútbol Thierry Henry. [En relación a las absurdas acusaciones de racismo contra Luis Aragonés (que por cierto, oí la frase y nunca dijo "negro de mierda", como añaden algunos medios), y las fundadas a los espectadores del Santiago Bernabéu]
- No dar el sentido que no tienen a palabras manipuladas. No caigamos en el juego de los manipuladores del lenguaje. “Radical” es el que se preocupa por las raices, no el “violento”.
Sé que no es fácil, pero si tenemos en cuenta estas cuestiones al escribir es más difícil que se introduzcan por la puerta de atrás.
Otro día hablaremos de otros aspectos, más vinculados a cuestiones formales, en relación con la escritura para la red, o sobre la legibilidad de un texto aún siendo correcto, etc. El tema da para bastante.
De momento, intentaremos tener más cuidado al escribir.

