Eyetrack III. No basta con saber dónde miran

por Juan Carlos García, 25 de Noviembre de 2004

Vimos recientemente en eCuaderno, al igual que en Isopixel, la referencia a la traducción al español de varios artículos sobre el Eyetractk III, uno de los cuales ya comentamos en Úsalo hace varias semanas bajo el título Eyetrack III. ¿Dónde miran los usuarios?.

No es que aporten demasiadas conclusiones realmente indiscutibles o revolucionarias, pero sí son merecedoras de alguna reflexión.

Para empezar, deberíamos poner en tela de juicio una afirmación que aparecía en aquel comentario anterior:

Parece más práctico darle un tamaño de letra pequeño a los textos que más queramos que sean leídos, pues con éstos parece ser que se fija la atención y con los grandes la gente tiende a desviar la mirada escaneando frenéticamente.

En realidad, lo que hace este dispositivo es tomar nota del tiempo que pasa el ojo en casa sitio. El que pase más tiempo en un sitio concreto no es necesariamente positivo. Es bueno que el ojo se pose en un sitio que nos interesa en lugar de ignorarlo totalmente. El problema es que en ciertas partes el vistazo debería existir, pero ser muy rápido (una barra de navegación). Es decir, que dedicar excesivo tiempo a una sección determinada es más bien síntoma de que no funciona, confunde al usuario o no se entiende, más que de que tiene éxito.

De hecho, en esta línea va la principal crítica hacia estos estudios, pues nos dicen dónde y cuánto mira el ojo, pero no el porqué, que es la clave. Por tanto, vamos un poco a ciegas (valga la metáfora) y lo único que podemos concluir taxativamente es que es malo que el usuario pase demasiado tiempo mirando algo o que no lo vea en absoluto.

También parece claro que, salvo para el titular principal (el experimento era con periódicos digitales), no aporta gran cosa el pequeño texto que acompaña a los titulares (’blurb’ en inglés), pues son prácticamente ignorados en busca del siguiente titular.

Otro buen hallazgo fue que, desde el punto de vista de la publicidad, llaman más la atención los anuncios de texto que los basados en gráficos. Es decir, similares a los que incluimos en la parte derecha de esta página (por cierto, puedes pinchar en ellos si ves algo interesante, a ver si algún día comprobamos si lo de los cheques de 100 dólares de AdSense es o no una leyenda urbana).

Por lo demás, poco aporta saber que el ojo se fija más en las barras de navegación superiores y en la zona de navegación derecha. Lo de la zona derecha parece fácilmente explicable por la atención que hay que prestar a la barra de scroll vertical. Y, como hemos dicho, el que el ojo se fije más en una zona no quiere decir que funcione mejor, puede ser lo contrario, que le extrañe al usuario encontrar ese elemento en esa ubicación. Vamos, que no os apresuréis a poner la barra de navegación principal a la derecha.

Aunque las imágenes son buenos suplementos del texto, el ojo se va antes al titular principal, normalmente en la zona superior izquierda, lugar donde más pincha la gente.

Otro hallazgo, bastante obvio, es que independientemente de las zonas de pantalla, lo que llama la atención es una buena imagen o un buen titular, que debería empezar por dos palabras con fuerza.

No hacía falta tanto aparataje para intuir ésto, pero bueno es que se asiente la intuición con la experimentación.

Para terminar, me pregunto hasta qué punto todo el proceso en sí tiene validez si pensamos en la posibilidad de que el mero hecho de observar al usuario puede modificar su conducta (en este caso su mirada), pues se emplea un dispositivo físico que tiene aspecto de ser poco cómodo, y además, el usuario sabe que se está estudiando su mirada.

En definitiva, habrá que esperar estudios más profundos, aunque parece un buen comienzo.

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